Familias Nuevas

Sitio de las familias de Granada

Familias Nuevas - Sitio de las familias de Granada

Pasa Palabra 24/11/2015

La unidad nos hace fuertes

(L’unità ci fa forti)

[…] hacer un pacto de amor recíproco crea un espacio dentro del cual podemos crecer en la confianza mutua. Y el pacto nos hace fuertes en el camino.
http://www.focolare.org/es/news/2012/06/16/un-messaggio-da-belfast-fiducia/
(Fonte: Maria Voce – La cultura della fiducia Belfast 14.6.2012 – http://www.focolare.org/wp-content/uploads/2012/06/It20120614-Inc-ec-a-Belfast-def.pdf)

Pasa Palabra 23/11/2015

La unidad nos trae la alegría

(L’unità porta la gioia)

La espiritualidad de la unidad nos invita en efecto a hacer lo mismo que hicieron las primeras focolarinas cuando se dijeron: «Yo estoy dispuesta a morir por ti; yo por ti, todas por cada una», y experimentar, de consecuencia, de manera fuerte y nueva la presencia de Jesús entre ellas, el Resucitado que trae consigo todos los frutos del Espíritu: una paz nueva, una alegría llena y luz, mucha luz.
(Fonte: Marco Tecilla- Citazione di Chiara e varie su:

http://www.indaco-torino.net/gens/34_04_03.htm)

Pasa Palabra 22/11/2015

la unidad: nuestra prioridad

 

[…] El “por Ti” dirigido a Dios antes de cada acción es exigente, llama al amor recíproco antes que nada, hasta llegar a la unidad, hasta poder ofrecer siempre Jesús al mundo, recorriendo las huellas de María, imitándola, hechos con Ella su pueblo.

(Fonte: Centro Chiara Lubich – Ciò che deve precedere)

Pasa Palabra 21/11/2015

Recomenzar siempre a amar

(Ricominciare ad amare sempre)
[…] Pregunta: Soy pequeña. ¿Cómo puedo hacer en familia para seguir amando cuándo es difícil?

Respuesta: Hace falta recomenzar siempre . Recordaos de esta palabrita: recomenzar.

Tú tienes que amar siempre; yo conozco a muchas niñas como tú, y también niños, que tuvieron muchas dificultades en familia, porque sus padres no se llevaban bien. Ahora bien, estos niños han logrado acercar al papá y la mamá. Por lo tanto tú tienes que amar y rezar mucho, para que tu familia siempre viva en armonía.

(Fuente: Chiara Lubich–Dónde la vida se enciende. Diálogos sobre la familia–pág. 58–Ed. Ciudad Nueva)

Pasa Palabra 19/11/2015

Tomar la iniciativa en el amar

(Prendere l’iniziativa nell’amare)
[…] El tipo de amor que estamos llamados a llevar al mundo – nosotros que hemos recibido el don de la fe religiosa- es un amor especial, fuerte como la muerte. No es suficiente la tolerancia o la no-violencia, no basta la amistad o la benevolencia hacia los demás. Es un amor que va hacia todos indistintamente: pequeños y grandes, pobres y ricos, de la propia patria o de otra, amigos o enemigos. Exige misericordia y perdón. Después, debemos ser los primeros en amar, tomando la iniciativa, sin esperar ser amados. Y amar no sólo con las palabras, sino concretamente, con hechos, olvidándonos de nosotros mismos para ponernos al servicio de los demás.
(Fonte: Chiara Lubich – “Il mondo sia invaso d’amore” Messaggio di Chiara Lubich all’Assemblea dei giovani – Hiroshima, 21-25 agosto 2006)
http://www.focolare.org/es/news/2006/09/01/quotil-mondo-sia-invaso-d39amorequot/

Pasa Palabra 18/11/2015

Acoger la diversidad como don

(Accogliere la diversità come dono)

[…] Llamados a ser don el uno para el otro, para que se realice la «plenitud de lo humano», que sólo es posible en la «complementariedad entre la feminidad y la masculinidad». El movimiento mismo se puede considerar como un gimnasio de esta unidad: si la presidenta es mujer, aun habiendo una específica función para toda la Obra de María, tiene a su lado un copresidente. Cualquier otro nivel de responsabilidad es compartido con plena igualdad. Sólo en la unidad entre dos se expresa el carisma en su autenticidad. Es una dimensión de unidad que tiene sus raíces en Jesús crucificado y exige una medida de amor que contenga las diferencias sin anularlas. Consecuencia de esto es también la luz que se refleja en los rostros.

http://www.osservatoreromano.va/es/news/si-la-guia-es-femenina#.U2VqU_k_v08

Pasa Palabra 16/11/2015

Compartir el dolor del prójimo

(Condividere il dolore del prossimo)

[…]“Y si estábamos dispuestas a dar la vida la una por la otra, era lógico que, mientras tanto, era necesario responder a las mil exigencias que el amor fraterno requería: era necesario compartir las alegrías, los dolores, los pocos bienes, las experiencias espirituales. Nos esforzamos en vivir así para que el amor recíproco estuviera vivo entre nosotras, antes que cualquier otra cosa“.

http://www.focolare.org/es/chiara-lubich/spiritualita-dellunita/amore-reciproco/

Pasa Palabra 15/11/2015

Estar atentos a las necesidades del otro.

[…] Dilatar el amor
Si también quisiéramos dar una mirada, aunque fuera somera, al desarrollo de la capacidad de amar, podríamos ver cómo el camino parte de una amor centrado inicialmente sobre uno mismo y se encamina hacia un amor cada vez más desinteresado y dirigido hacia el otro.
Es éste un crecimiento progresivo, con sus etapas concretas: por ejemplo, de una fase de narcisismo inicial, en el que la persona ama al otro en cuanto éste satisface su necesidad, se pasa a amar buscando satisfacer no las necesidades propias sino las necesidades de la otra persona. Y así, de una fase de aprovechamiento afectivo (“el otro me sirve”), se pasa a la conciencia de tener necesidad del otro (“tú eres importante para mí”), lo que nos hace más humildes y atentos a las necesidades ajenas.[…]
(Fuente: Unità e Carismi – Alessandro Partini – Un amore integrale nella vita consacrata – 07-06-2010 – Ed. Città Nuova)

PALABRA DE VIDA Octubre 2015

«En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13, 35).

Este es el distintivo, la característica propia de los cristianos, el signo para reconocerlos. O al menos debería serlo, porque así concibió Jesús a su comunidad.

Un escrito fascinante de los primeros siglos del cristianismo, la Carta a Diogneto, declara que «los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por la nación ni por la lengua ni por el vestido. En ningún sitio habitan ciudades propias, ni se sirven de un idioma diferente ni adoptan un género peculiar de vida»[1]. Son personas normales, como todas las demás. Y sin embargo, poseen un secreto que les permite influir profundamente en la sociedad y ser como su alma[2].

Es un secreto que Jesús entregó a sus discípulos poco antes de morir. Como los antiguos sabios de Israel, como un padre respecto a su hijo, también Él, Maestro de sabiduría, dejó como herencia el arte del saber vivir y del vivir bien, que había aprendido directamente de su Padre: «Todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15, 15), y era fruto de su experiencia en la relación con Él. Consiste en amarse unos a otros. Esta es su última voluntad, su testamento, la vida del cielo que ha traído a la tierra y que comparte con nosotros para que se convierta en nuestra misma vida.

Y quiere que esta sea la identidad de sus discípulos, que se los reconozca como tales por el amor recíproco:

«En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».

¿Se reconoce a los discípulos de Jesús por su amor recíproco? «La historia de la Iglesia es una historia de santidad», escribió Juan Pablo II. Y sin embargo, «hay también no pocos acontecimientos que son un antitestimonio en relación con el cristianismo»[3]. Durante siglos, los cristianos se han enfrentado en guerras interminables en el nombre de Jesús y siguen estando divididos entre ellos. Hay personas que a día de hoy siguen asociando a los cristianos con las Cruzadas y los tribunales de la Inquisición, o los ven como defensores a ultranza de una moral anticuada, opuestos al progreso de la ciencia.

No ocurría así con los primeros cristianos de la comunidad naciente de Jerusalén. La gente sentía admiración por la comunión de bienes que vivían, la unidad que reinaba entre ellos, la «alegría y sencillez de corazón» que los caracterizaba (Hch 2, 46). «La gente se hacía lenguas de ellos», seguimos leyendo en los Hechos de los Apóstoles, con la consecuencia de que cada día «crecía el número tanto de hombres como de mujeres que se adherían al Señor» (Hch 5, 13-14). El testimonio de vida de la comunidad tenía una fuerte capacidad de atracción. ¿Por qué hoy no se nos conoce como aquellos que se distinguen por el amor? ¿Qué hemos hecho con el mandamiento de Jesús?

«En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».

Tradicionalmente, el mes de octubre se dedica en el ámbito católico a la «misión», a la reflexión sobre el mandato de Jesús de ir a todo el mundo a anunciar el Evangelio, a la oración y al sostenimiento de todos los que están en primera línea. Esta palabra de vida puede ayudar a todos a esclarecer la dimensión fundamental de todo anuncio cristiano. No consiste en imponer un credo, hacer proselitismo o ayudar de modo interesado a los pobres para que se conviertan. Tampoco debe primar la defensa exigente de valores morales ni el adoptar una postura ante las injusticias o las guerras, aun cuando sean actitudes obligadas que el cristiano no puede eludir.

El anuncio cristiano es ante todo un testimonio de vida que todo discípulo de Jesús debe ofrecer personalmente: «El hombre contemporáneo prefiere escuchar a los que dan testimonio que a los que enseñan»[4]. Incluso los que son hostiles a la Iglesia suelen sentirse conmovidos por el ejemplo de quienes dedican su vida a los enfermos o a los pobres y están dispuestos a dejar su patria para ir a lugares de frontera a ofrecer ayuda y cercanía a los últimos.

Pero lo que Jesús pide sobre todo es el testimonio de toda una comunidad que muestre la verdad del Evangelio. Esta debe mostrar que la vida que Él trae puede generar realmente una sociedad nueva, en la que se viven relaciones de auténtica fraternidad, de ayuda y servicio mutuo, de atención coral a las personas más débiles y necesitadas.

La vida de la Iglesia ha conocido testimonios así, como las reducciones para indígenas que los franciscanos y jesuitas construyeron en Sudamérica, o los monasterios, con las aldeas que surgían alrededor. También hoy, comunidades y movimientos eclesiales dan lugar a ciudadelas de testimonio donde se pueden ver los signos de una sociedad nueva fruto de la vida evangélica, del amor recíproco.

«En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».

Sin apartarnos de los lugares en que vivimos ni de las personas que nos rodean, si vivimos entre nosotros esa unidad por la que Jesús dio la vida, podremos crear un modo de vivir alternativo y sembrar en torno a nosotros brotes de esperanza y de vida nueva. Una familia que renueva cada día su voluntad de vivir de modo concreto en el amor recíproco puede convertirse en rayo de luz en medio de la indiferencia de su vecindad. Una «célula local», o sea, dos o más personas que se asocian para practicar con radicalidad las exigencias del Evangelio en su entorno de trabajo, en clase, en la sede sindical, en la administración o en una cárcel, podrá desbaratar la lógica de la lucha por el poder, crear un ambiente de colaboración y favorecer que nazca una fraternidad inesperada.

¿No actuaban así los primeros cristianos de tiempos del Imperio romano? ¿No es así como difundieron la novedad transformante del cristianismo? Nosotros somos hoy los «primeros cristianos», llamados como ellos a perdonarnos, a vernos siempre nuevos, a ayudarnos; en una palabra, a amarnos con la misma intensidad con que Jesús amó, seguros de que su presencia en medio de nosotros tiene la fuerza de arrastrar también a los demás a esta lógica divina del amor.

FABIO CIARDI

[1] Carta a Diogneto, V, 1-2: en Padres apostólicos (“Biblioteca de Patrística” n. 50), Ciudad Nueva, Madrid 2000, 20143, p. 560.

[2] Ibid., VI, 1: en o. cit., p. 561.

[3] Juan Pablo II, bula Incarnationis mysterium, 11.

[4] Pablo VI, exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, 41.